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Los nativos de estas tierras vivían de la caza, de la pesca y de las exquisitas frutas de los abundantes árboles. Sus armas eran, por aquellos tiempos, la flecha y unas bolas arrojadizas, en las que empleaban el azufre y el petróleo. Con la algarroba y otras frutas fabricaban sus licores fermentados. No eran idólatras ni antropófagos. Creían en la inmortalidad y en la transmigración de las almas (pillanes) y decían que estas almas se componían de espíritus buenos y malos, que eran sus protectores o enemigos. La mujer ocupaba un lugar muy secundario en el hogar, estaba dedicada a los trabajos domésticos, a hilar la lana, fabricar las telas y los licores. Se gobernaban democráticamente. El Cacique principal tenía un poder limitado, pues los asuntos graves de la república, como la celebración de la paz o la declaración de la guerra, se resolvían en parlamentos o reuniones que se celebraban, y participaban todos los caciques, capitanes, capitanejos y ancianos respetables por sus méritos y sano juicio. Cuando estas reuniones de cabezas dirigentes, tenían por objeto celebrar la paz con el enemigo, se llamaban "Huinca Coyán" y cuando se verificaban para declarar la guerra, tomaban el nombre de "Auca coyán" Durante los debates, demostraban poseer dotes oratorias no comunes y una elocuencia que ha llamado la atención de muchos escritores, como Molina. Olivares, Fabre, el poeta Quintana, Bascuñán, Juan María Gutiérrez, Mansilla y otros. A estas arengas parlamentarias de los Cicerones americanos la llamaban "Coyaghtun" Los oradores felices eran interrumpidos por el auditorio, no con aplausos, al final de sus párrafos más emocionantes, sino con las acostumbradas frases: "Velleychi", "Veino canas", "Mu piqueimí", que significaban: "Así es; Dices bien; Es verdad" La oración más célebre del pueblo araucano, es la del joven Lautaro, pronunciada en la memorable asamblea celebrada para, deliberar sobre lo que debería hacerse a la llegada de los españoles, al mando de Valdivia, después de haber destruido los indios el fuerte de Tucapel. Si bien es cierto que el pueblo araucano es fuerte, sano y belicoso, no lo es menos que es hospitalario y generoso con los conquistadores y si más tarde, cuando vencieron a éstos, en los campos de batalla. no perdonaron la vida ni a Valdivia, no fue por que tuviesen sentimientos sanguinarios, sino por que ejercieran actos de represalia y venganza. Los cautivos que como Bascuñán y otros han vivido entre ellos, y han escrito sus memorias, recuerdan el buen trato que les dieron aquellas tribus que han sido llamadas salvajes. Cuando se estudia a los filólogos, se advierte a menudo que éstos, como los políticos, como los sabios, como los artistas, se apasionan por un idioma. por un principio o por una regla. Refiriéndonos a los idiomas de América, encontramos a menudo, autores que han sostenido que el quechua deriva del griego, que el araucano de las lenguas mongólicas, el chino y el japonés... Todo trabajo de esta índole, nos inspira un gran respeto, y lo encontramos meritorio aun cuando no concordemos con sus autores, porque demuestran en ellos el amor al estudio y la aspiración a la verdad. El idioma araucano, como todo lo que a este pueblo se refiere, no ha sido estudiado con la profundidad que merecía. y no sólo no ha sido estudiado, sino que ni siquiera ha sido cultivado. Por eso han quedado muchas lagunas, muchas tinieblas en su léxico y en el sentido de sus numerosas palabras. Así vemos, a cada paso, que un vocablo, según este autor, tiene una acepción y según aquél tiene otra. A petición de un obispo español y con fin de quitar a los curas americano que estaban más en contacto, por el idioma, con los indígenas, las utilidades que les reportaban las misas, los bautismos, los casamientos y otros sacramentos, el rey Carlos II, ordenó, por la Real Cédula de 1770 que no se hablase en toda América, más idioma que el español, a fin de extinguir todos los idiomas de las razas autóctonas. Entre estos idiomas, el araucano, quedaba condenado a morir. Pero no murió. Este trabajo no tiene la pretensión de ser un estudio filológico, sino el resumen de lo que otros han escrito, estudiando en la fuente del mismo pueblo y comparándolo con otros idiomas. Nos concretamos, pues presentar a los lectores un vocabulario de esta sonora lengua. Las palabras que tienen más de un significado, por la diversidad de opiniones, pueden considerarse parónimas. | |
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